Se dice que una marca debe tener personalidad porque el diseño de lo todo lo que compramos las personas tiene una personalidad y si no la tiene, no nos identificamos y en consecuencia no lo compramos. La personalidad es el elemento clave detrás de la marca, todo lo que esta significa, la historia que sus productos comunican a sus clientes. Cada elemento de un negocio, desde las interacciones directas de la gente de la compañía con los clientes, hasta el empaque de sus productos son elementos que forman parte de la personalidad de la marca. La personalidad de la marca es lo que hace que las personas se “enamoren” de una marca, que se sientan identificados y se apasionen a tal punto de crear fidelidad hacia esa marca aún cuando varíen las circunstancias por ejemplo, un leve aumento de precio en comparación con la competencia.

Una marca es el resultado de el conjunto de distintas percepciones de los usuarios ante las experiencias vividas con una empresa, producto o servicio, es decir, la marca es más lo que dice las personas fuera de la compañía que lo que dice la gente de la compañía misma. Pero cada una de esas experiencias es personal, lo que significa que cada persona tiene una concepción diferente de acuerdo a sus experiencias y la empresa no puede darse el lujo de generalizar, la compañía debe preocuparse por personalizar la relación con el consumidor en la medida de lo posible y tratar de crear esa “conección” ya que de lo contrario se corre el riesgo que las personas puedan puedan cambiar fácilmente de proveedor porque no existe un apego emocional. Incluso, por ese motivo hay empresas que deciden utilizar a personajes famosos para que los consumidores se identifiquen más con la marca.

La personalidad de la marca se sustenta en cuatro pilares que forman parte de la empresa y que permiten construir una marca:

1. Capacidad de decidir atendiendo a lo real: La empresa nace a paritr de una necesidad existente en las personas y el propósito de la empresa es resolverla de la manera más eficiente posible.

2. Capacidad de retardar el deleite: Una empresa debe estar consciente de por qué existe y para quién trabaja, es decir, que no debe olvidar su visión y misión en los tiempos de bonanza económica así como en las crisis.

3. Capacidad de afrontar lo arduo: La empresa debe tener la capacidad de reaccionar, corregir y de actuar para influir en la experiencia que viven los usuarios. Las debilidades se pueden convertir en fortalezas si gestiona adecuadamente el soporte, la comunicación y se cumplen los compromisos.

4. Capacidad de percibir al otro en cuanto a otro: Ser consciente que el cliente no es una masa uniforme, sino que tienen nombres y apellidos. Si las marcas tienen atributos propios de las personas necesitas reconocer al otro en cuanto a otro, reconocer a las personas por el tipo de producto o marca que prefiere.